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Prof mario bogado
Proyecto cero 40
Todavía recuerdo la energía que poseía en mi juventud, especialmente la época de la adolescencia; esos días en que las personas de nuestra generación deseaban cambiar el mundo, proyectando ser ingeniero, médico, futbolista, científico, arquitecto, artista, poeta, etc. Soñábamos y fantaseábamos arduamente, con los pies en la tierra, y estábamos dispuestos a seguir ese sacrificio y rutina de la vida universitaria para llegar a concretar nuestra meta. Digo sacrificio, porque veinte años atrás en el Paraguay, no existía la abundancia de facultades existente hoy, amén de que en nuestros días en casi todas las casas de estudio se les facilita al alumno a pasar de año, al punto de que algunas facultades son rotuladas de “4S”, cuatro sábados; o sino es facultad “4S”, las notas que obtienen los alumnos son “5F”, uno piensa en cinco felicitado, pero se rotula como cinco facilitado; y la peor realidad, en muchas facultades privadas los docentes son amonestados y relevados de sus trabajos cuando los alumnos no pasan de curso. Hace veinte años en el Paraguay, uno se limitaba a las carreras de derecho, ciencias contables, economía, administración de empresa y otras pocas. Si uno deseaba ser médico, arquitecto o ingeniero, sino ingresaba en una facultad pública de la capital, de estricta evaluación, tendría que pertenecer a una familia con buen ingreso y empacar valijas y sueños y marchar a la Argentina o Brasil a través de intercambio cultural, como lo hice yo. En aquél entonces, el estudio era un sacrificio realmente, pues, en aquellos años, los 5F eran cinco felicitados realmente, los profesores eran profesores, no perdonaban en los exámenes y no existía a quién llorar ni docente que despedir. Por eso, hace veinte años, ser graduado en una facultad era todo un sueño, casi una fantasía.
Lo mencionado, historia aparte, no es el motivo a que me impulsa escribir, descontando los sueños y energía que uno tenía en la adolescencia. Estoy preguntándome de aquellas personas que no realizaron sus sueños y cargan en el alma ese dolor; o, si lo realizaron, y pasado tantos años, son presos de la monotonía y que llegados a los cuarenta, o pasaron un poco, sienten que la cosa está comenzando su final. A estas personas les recomiendo empezar el proyecto cero 40. Por más que uno se encuentre muy bien económicamente, puede haber un sueño no realizado permanecido en la añoranza, cuya materialización se ve impedida por la frustrante monotonía. A los cuarenta uno puede todavía sacudirse y entrar de nuevo en la fiesta de la vida.
A grandes rasgos, este proyecto propone volver a los dieciocho al respecto de los sueños adormecidos, pero que causan pesadillas por querer matarlos. En las siguientes entregas, profundizaré cada trampolín y obstáculo para llevarlo a cabo.
Se habla mucho de la eterna juventud, de su jarabe. El jarabe de la juventud es el sueño, no la salud física. Esa capacidad de tener fe en un proyecto, de perseguirlo tenazmente, hasta concretarlo, es lo que admiramos de los jóvenes y lo que lo diferencia de un viejo. ¡Por eso existen viejos que son jóvenes, y jóvenes que son demasiado viejos! Los que sueñan, no importa la edad, nunca se sienten viejos.
Jamás me imaginé escribir un artículo para una revista. Cerca de los cuarenta, estoy realizando mi sueño y vuelvo a la carga, como a los dieciocho, a perseguir un sueño que dejé escapar y que no me deja dormir. Mandé la monotonía y aquí estoy para compartir con ustedes este proyecto y muchos otros. Hasta el próximo número.  |